
El sur de la provincia, se caracteriza por ser una zona intensamente poblada por pequeños productores frutales.
Allí se cosecha la uva, producto emblemático de Mendoza reconocida mundialmente por sus vinos, así como el damasco, la ciruela y también el durazno.
El agua, elemento fundamental ligado íntimamente a la vida, también lo es para la vida de las fincas.
Un ingenioso, aunque tal vez un tanto rudimentario sistema de acequias, surca casi todo el territorio proveyendo de este vital elemento a todos y cada uno de los productores.
El agua de los deshielos, viaja de ese modo desde los ríos a través de canales por toda la provincia.
Reducidos estos en su tamaño, ingresa a pueblos y ciudades para volver a partir hacia el interior, hacia las fincas.
Todos utilizan aquella agua.
Así los grandes como los pequeños productores. Es la misma para todos.
Un también rústico (la más de las veces) pero eficaz sistema de exclusas sirve para garantizar el correcto suministro y repartición de este vital elemento.
Dos veces por semana, cada productor a su turno abre las compuertas para dejar entrar el agua que le corresponde y le es indispensable para el riego. Y no más.
Hay que decir que, muy generalmente, las acequias son tan solo zanjas abiertas a la tierra, y las compuertas, apenas tablas de madera.
Así, el agua, literalmente se derrama corriendo por entre los surcos a través de las fincas, ya que estas, han sido sembradas dando previamente al terreno un suave declive para que esto suceda.
Cada productor, dispone de un tiempo determinado durante el cual puede mantener abiertas sus compuertas, y este, es directamente proporcional a la cantidad de hectáreas que posea, ya que pagan por tiempo de uso del servicio.
Para todos aquellos que vivimos en las ciudades y nos enteramos de todo sin saber nada. Así de importante les es el agua en Mendoza.
El agua es vida y la vida esta en nosotros.
Si la contaminamos, la vida muere.
