
La ciudad de Mendoza (la provincia toda), en tantísimos aspectos es de una hermosura próxima a lo paradisíaco. Su pulcritud, junto a su parquización y diagramación de los espacios verdes también tan dignos de imitar, un auténtico ejemplo. Todo esto, es la obra del hombre. De su tesón e inteligencia en el manejo y aprovechamiento de los recursos disponibles (fundamentalmente el hídrico), ya que, ese aún cuasi jardín, se asienta sobre un terreno bastante poco favorable muy próximo a lo desértico. La provincia de Mendoza, como la hemos conocido y aún descubrimos, es la obra de los hombres y mujeres de Mendoza. Es la obra de su esfuerzo.
