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Antes de continuar, debo agradecer más que particularmente a la profesora Mónica Ferrazano, a Fernanda García y a la Directora del Museo, la Prof. Vivian Magis.

Al MUA (Museo Universitario de Arte), en su aspecto más práctico, no lo conforman tantas personas cómo podría parecer a primera instancia o sería dable esperar a semejante empresa (recurso humano disponible). El MUA, es básicamente el trabajo de estas pocas personas. Tomando en cuenta lo que gana un educador dependiente del estado en este país, bien podríamos decir, su amor a ese trabajo.

Para aquellos que conocen  la Universidad Nacional de Cuyo, resultará más accesible el comprender que, así tan solo sea  por la extensión de terreno que ocupa este Complejo Universitario en el aspecto físico, el trabajo es enorme.

En tantísimos aspectos, la gente de Mendoza en verdad es digna de imitar.

Hago referencia a la extensión que abarca la Universidad, porque el MUA cumple hoy con la iniciativa, nacida hace ya algunos años, de trascender el ámbito estanco del Museo tradicional para llevar su patrimonio cultural hasta cada una de las distintas Facultades.

Hablando de ejemplos a seguir, una idea quizás, muy próxima a esta, de alguna manera ha quedado esbozada en algunas de las charlas que he mantenido con el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata, el Dr. Miguel Ángel Acosta. 

Asumiendo el riesgo que implica la revalorización de la educación (deteriorada hasta en sus aspectos más básicos en esta región del mundo), la empresa sería: llevar las obras de arte hasta las aulas mismas de la Facultad para que, de esta manera, la comunidad estudiantil tenga la posibilidad de convivir, nutrirse, crecer junto al patrimonio cultural que le es propio.

 Molinos de viento al margen (aquellos que me pertenezcan) la idea, no deja de ser excelente.